ACTIVIDADES

El modo de vivir la sexualidad puede ser ocasión de alegría, placer y sentimientos de autorrealización, pero puede también ser causa de dolor, sufrimiento y tener costos sanitarios y sociales muy graves.

Educar para la sexualidad es educar para que las personas puedan elegir con libertad y responsabilidad, los escenarios sexuales que les permitan realizar su proyecto de vida con placer, bienestar, libertad y responsabilidad.

Si nuestro interés es que niños, niñas y adolescentes dispongan de los instrumentos intelectuales y emocionales para lanzarse a la maravillosa aventura de ser sexual, y serlo con salud y plenitud,

debemos pensar cuáles deberían ser las pautas bajo las cuales deberían diseñarse los escenarios para la educación sexual. Esas pautas no pueden ser otras que las mismas que hacen a la construcción de los escenarios sexuales saludables de las personas: el diálogo en lugar del monólogo, la información en vez del ocultamiento, el respeto a la elección del otro en lugar de la imposición.

Proponemos trabajar entonces sobre dos líneas: por un lado los derechos inherentes a la sexualidad, por el otro una educación para el placer sexual en el marco del compromiso con el otro y la responsabilidad.

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