El rol de la escuela


ADOLESCENCIA, SEXUALIDAD Y CIUDADANIA.

El rol de la escuela

Profesora Martha Weiss

Miembro del Equipo Itinerante de Salud Integral para América Latina y Caribe

Capacitadora docente Gob.Ciudad de Buenos Aires. Asesora temporaria de OPS

Cuarenta años atrás yo vivía en Monte Grande y trabajaba en educación, era maestra acá, así que me da muchísimo placer que me inviten.

Lo que tengo es algo para compartir con Uds. desde un espacio distinto, en el sentido que son algunas consideraciones a las que hemos arribado desde la práctica. Teorizando pero desde la práctica concreta. Muchos años  de trabajo conjunto, profundo, sostenido y prolongado entre salud y educación, yo la escuchaba a Eugenia y me acordaba cuántas veces yo contaba anécdotas del equipo de aprendizaje que había en el hospital de ella y cuantas veces nos cruzábamos en distintos espacios. Y en realidad la riqueza de esto parte de la posibilidad de poder pensar por sí mismo, poner en común el pensamiento e intentar hacer una que es dificilísima, que es como la utopía, el camino hacia donde vamos, que se señaló esta mañana en la apertura, que es esto de intentar de armar un consenso institucional para trabajar desde una perspectiva institucional separada del propio sistema de creencias y valores. No tan separada pero sí conectada con que una cosa es lo que uno puede hacer como persona y a lo mejor lo que tiene como propuesta de vida, y otra cosa es lo que está convocado a hacer cuando forma parte de una institución educativa. Más de una vez los errores, las torpezas, los tropiezos, han  tenido que ver con perder de vista eso. Nosotros somos personas, somos personas que vivimos, que soñamos, que tenemos ideales, que tenemos un determinado sistema de creencias y valores. Cuando trabajamos en una institución necesitamos empezar a acordar algunas cosas para ver que vamos a hacer ahí, desde ahí, juntos y eso implica meterse con la salud institucional. De lo cual no hay tanta cultura. En ese sentido adherimos a una expresión de un teólogo de Latinoamérica que dice: La cabeza piensa donde los pies pisan. Y a veces desde la educación nos olvidamos de eso. Hago mi mea culpa, teorizamos, trabajamos, y nos olvidamos de tratar de entender donde están pisando esos pies, porque cada uno va a incorporar los elementos según donde estén pisando los pies y algunas cosas le van a servir y otras no. Esto es compartir con colegas algunas cuestiones, porque hay muchas preguntas que todavía nos quedan sin respuesta después de 30 años. Lo primero que quería decirles es que nosotros adherimos, más que adherir, encontramos a lo largo de los años desde nuestra propia experiencia una cuestión que claramente diferenciamos de entrada, después de muchos años. Tratar de diferenciar los dos conceptos: sexo y sexualidad. A la luz de que como maestros nosotros nos acordábamos que los chicos eran sexuados allá por 6, 7to grado, allá cuando empiezan las hormonas a dar cuenta de esto. Antes no, ni nos acordábamos, después fuimos descubriendo que los seres humanos somos sexuados desde el momento que nacemos y que el sexo es un hecho inicialmente biológico con el que se nace y que tiene aspectos anatomo fisiológicos que hacen posible distinguir en ese momento si es un varón o es una mujer. Pero sobre estas características biológicas se va construyendo la sexualidad. La sexualidad es la feminidad o la masculinidad que son los rasgos, las características, los elementos que la cultura y la sociedad anque la historia, van estableciendo para el desarrollo humano en una determinada comunidad. Por eso entendemos más la sexualidad como un concepto de construcción social e histórica, no es siempre igual, no es igual en todos los lugares, el desarrollo no se produce del mismo modo y en realidad, en la experiencia nuestra, a veces no es igual en los distintos barrios, no sólo en las distintas provincias. No es lo mismo ser varón en Lugano que ser varón en Barrio Norte. Las características que la sociedad estipula para la condición de varón o de mujer o para las prácticas, tiene que ver con lo que ese entorno sociocultural está definiendo. La sexualidad se construye y se construye desde que se nace hasta que se logra la identidad sexual, que un poco como decía Eugenia, se da hacia el final de la adolescencia, inicio de la adultez. Es justamente el tiempo que los tenemos a los chicos en la escuela. Aún desde jardín de 2. Entonces cuantas veces que si educación sexual sí, que si educación sexual no. Es imposible que no haya educación sexual. Todos ustedes, todos nosotros, cuando estamos con los chicos, somos  instancia de transmisión de contenidos referidos a la sexualidad, aunque no hagamos educación sexual sistemática. Digo. El modo en que organizamos la vida en la escuela, el modo en que definimos lo que se permite y lo que no se permite, la manera en que reaccionamos ante un episodio disonante: una parejita de la escuela media que se está besando en las escaleras. Si hacemos un ejercicio y tratamos de identificar como reacciona la preceptora, como reacciona la directora, como reacciona el quiosquero, ahí todo eso es instancia de contenido de transmisión de sexualidad Y el riesgo es que la escuela no se dé cuenta de eso. Que crea que no está haciendo nada, porque no hacer nada es hacer algo. Decir algo que sí o decir algo que no ya define. Entonces porque uso la palabra riesgo, porque cuando está haciendo algo que no sabe que está haciendo, no sabe con qué resultados, no sabe qué está pasando con eso que uno está haciendo. Y es en ese momento en que uno puede con las mejores intenciones producir daño. Y es lo único que no estamos autorizados a hacer los adultos, tenemos todo el derecho del mundo porque somos personas, de equivocarnos, de ensayar y de empezar otra vez, pero como adultos insertos en el sistema educativo lo que no tenemos derecho es a producir daño y después a decir: …. ah, pero lo que pasa es que yo no sabía. Tenemos que saber, no nos podemos quedar con que no sabemos. Entonces una primera cosa que descubrimos nosotros como elemento constitutivo nuestro era que más allá que una escuela fuera a elaborar un programa de educación sexual sistemática, los docentes teníamos que recibir alguna calidad de formación e información que nos permitiera a nosotros tener un telón de fondo, aunque no hiciéramos educación sexual sistemática, aún para direccionar nuestras clases conceptuales de matemática, castellano, filosofía. Nosotros debíamos saber que había un proceso de sexuación  que como todo proceso tiene etapas de manera que pudiéramos ver en qué etapa se inscriben esos alumnos de carne y hueso que tenemos, que a veces tienen algunos elementos de lo que la teoría nos dice que es un adolescente, otras veces no, convengamos que muchas veces no encontramos el adolescente que nos contaron en los libros, encontramos otro. Y el que vale, en realidad, es el que tenemos ahí adelante. Ese de carne y hueso, ése que tiene esta historia y este tipo de posibilidades. Entonces desde ese lugar nosotros fuimos acompañándonos y aprendiendo juntos, la gente de salud y la gente de educación, porque todos traíamos algunos preconceptos. Los médicos como dice Eugenia no estaban exentos de esto. Una cosa que descubrimos al principio era que  para cuando se nos aparecía como que ya había que hacer algo porque los chicos ya estaban en 6to.grado y empezaban a aparecer otro tipo de problemas, qué hacíamos? Llamábamos al médico. Y en el imaginario popular se llama al médico cuando se está enfermo, antes no se lo llama. La cultura preventiva no es una cultura del imaginario popular. De modo que instalábamos la sexualidad en un problema médico, o sea estábamos restringiendo la sexualidad a los aspectos biológicos que son importantísimos pero que no agotan la dimensión de la sexualidad humana. Hay muchas otras cosas que simbolizan, representan y hacen que un ser humano pueda expresar su sexualidad de manera plena, de manera responsable y todo eso. Así fuimos avanzando mutuamente y fuimos incorporando otras miradas, antropológica, psicológica, social, y fuimos tratando de armar alguna trama que nos ayudara en la practica. Porque el asunto es que teníamos muchísimas teorizaciones y leíamos un montón y nos sirvió mucho, pero necesitábamos una cuestión en el orden de la practica que nos ayudara a tener algún parámetro. Tengo una mala noticia, no encontramos una receta o tres o cuatro cosas que decir miren lo que hay que hacer es esto. Pero si encontramos y puede ser tan valioso como lo otro tres o cuatro cosas que no hay que hacer, desde la escuela, en términos de educación sexual, y lo pongo entre comillas porque me parece que el deseo no se educa. En todo caso hay una articulación entre la sexualidad y la educación. Cuando decimos educación sexual cada uno de nosotros tiene una representación interna y a veces diferente. Estamos hablando de cosas diferentes. Nosotros sí pudimos a identificar cuatro o cinco de lo que no hay que hacer. Una cosa que descubrimos desde nuestra práctica que no hay que hacer es responder las preguntas de los chicos, de los jóvenes, cuando decimos responder las preguntas estoy diciendo no sólo las formuladas verbalmente. Todos ustedes, docentes de muchos años saben que los chicos y los jóvenes preguntas de diferentes maneras, algunas son actuadas y no verbalizadas. Lo que no hay que hacer es responder sin repreguntar para ubicar la pregunta en el contexto adecuado, aunque más no sea el contexto de las que son de mi generación sabemos que era la picardía de los chicos que cuando saben que hay una profesora que tiene una fuerte convicción en contra del aborto y es la profesora de matemática y ese día no quieren tener clase, saca el tema porque se asegura que así va a pasar la hora. Esto quiero decir, desde eso hasta la mirada comprensiva y que puede ser de ayuda de cuando la pregunta está motivada por una situación personal que puede estar vinculada a abuso, que puede estar vinculada a otra situación y uno puede ayudar buscando como derivar y que acompañamiento hacer. Que no necesariamente tiene que ser el mío, porque los docentes también tenemos una tendencia preciosa a hacernos cargo de algunas cosas que no nos podemos hacer cargo, en el sentido no nos podemos hacer en el sentido no somos útiles haciéndonos cargo de eso, no sirve, no le sirve al actor y no nos sirve a nosotros tampoco. Y no le sirve al sistema. A lo mejor, lo mejor que podemos hacer en ese momento  es saber a donde hay que recurrir, saber con quien se cuenta, tener un nombre, tener un lugar, tener algo, no para sacármelo de encima, sino para tender el puente, eso es trabajar en conjunto, porque a veces nosotros no podemos todo. Y a veces no somos conscientes de eso aunque otras veces sí. Pero muchísimas veces… la semana pasada una docente estaba en uno de los cursos trabajando e insistía con una pregunta que era, no pero claro, pero que se puede hacer desde la escuela porque supuestamente alguna tendencia homosexual de un niño de 8 años. Por qué había que hacer algo, de qué me están hablando, a que te estás refiriendo, hay como diferentes miradas que obstaculizan o permiten que se avance. La otra cosa que descubrimos que no es conveniente hacer, es algo de lo que hable hace un ratito: responder desde el propio sistema de creencias y de valores y no de lo que se haya consensuado como proyecto institucional que va a hacer esa escuela. Porque saben que, esto tiene que ver con la tolerancia a la diferencia, aceptar que puede haber puntos de vista que puedan ser diferentes de los míos. Y claro yo tengo esos porque creo que son los mejores. Alguien dijo por ahí que los humanos no adherimos a los valores porque son buenos, hacemos buenos los que son nuestros. Desde ese lugar a veces los defendemos con tanto empeño que dejamos afuera a la diferencia. Lo tercero que consideramos que no hay que hacer es juzgar apresuradamente una actitud dándole un valor negativo, eso también está vinculado al sistema de valores y creencias de uno. Rápidamente mirar algo y juzgar sin pararse a pensar y a determinar a ver que pasó acá y sobretodo las cosas  que valoramos negativamente. La cuarta cosa es considerar enemigo al que no piensa igual y lo digo para un lado y para el otro. Porque a veces los que nos creemos campeones de la tolerancia y de la aceptación de las diferencias a la hora de la verdad mano a mano con el otro cuesta mucho. Pero es un principio fundamental de ejercicio de ciudadanía. Mal podríamos acompañar a los chicos en el desarrollo de sus roles de ciudadano si nosotros no hacemos el esfuerzo de ejercerlos nosotros. Y la otra cosa que no hay que, en nuestra experiencia, todo esto lo digo del lugar de la experiencia nuestra, lo otro que descubrimos es que lo que no hay que hacer es no incorporar a los padres en el proceso de aceptación y desarrollo, cuando digo no incorporar a los padres no digo muchas de esas cosas que se ven, hay que pedirle permiso a los padres, esto es un disparate, es como si Eugenia le pidiera permiso a ver si el papá y la mamá quieren que la nena menstrúe, va a menstruar igual, con permiso o sin permiso, le van a salir los dientes igual, ahí hay como una distorsión en el tema de si pedimos permiso o no, lo que sí tiene que pasar es que tiene que haber una alianza necesaria entre la educación y la familia porque tienen un objetivo en común que es el pibe y desarrollan acciones diferentes sin duda la familia es una institución de primer orden y la escuela una de segundo orden de socialización, Ambas tienen algunas cuestiones fundamentales que realizar y la escuela no puede abandonar ese deber irrenunciable de hacer algunas cosas. Pero también tiene que tener claro cuáles son las que no puede hacer y no debe hacer. A veces no es tanto lo que no hace sino lo que hace mal, lo que hace equivocado, porque se metió en un lugar en donde esto no era algo favorecedor, y va a producir mas daño que beneficio. Sabiendo como era esto y el trabajo que veníamos haciendo desde hace tantos años, en 1997 el ministerio de salud desarrolló un programa de lucha contra el sida que se llamo lusida y nos convoco a algunas de estas organizaciones a desarrollar un trabajo de formación de formadores, de docentes multiplicadores que se formaran y desarrollaran, nosotros formábamos a los multiplicadores y ellos a su vez formaban a sus compañeros docentes y los compañeros trabajaban con los chicos, todo en el lapso de un ciclo lectivo. El asunto era que se pudiera hacer en el lapso de un ciclo lectivo para poder monitorearlo y evaluarlo. En 1999, que ya llevábamos dos años de trabajo, se produjo este documento, que Uds. lo van a recibir, yo simplemente quiero señalar algunos aspectos. Este es un material reelaborado a partir de las producciones grupales de los docentes que calificaron como formadores del seminario taller de formación de formadores para la prevención del vih.sida. Trabajaron durante mucho tiempo en talleres intensivos de tres semanas de duración con internación, viviendo juntos durante 3 semanas una capacitación intensiva. Al año siguiente elaboraron algunos elementos de qué le incumbe a la escuela y qué no le incumbe a la escuela en materia de sexualidad y educación. Yo sólo quiero señalar algunas cosas. Le incumbe legitimar el conocimiento y el respeto a la diversidad, el respeto a las diferencias sólo puede ser  llevado adelante en el ámbito educativo  y también social, pero en el educativo es el escenario especial donde va a haber diferencias de todo tipo. Le incumbe a la escuela brindar información científica integral y contextualizada tanto en lo referido al proceso de sexuación como en lo relativo al vih-sida e infecciones transmisibles sexualmente. Acompañar el proceso de sexuación de los alumnos en el marco de los derechos humanos   generando espacios de reflexión que vayan en esa dirección desde una perspectiva  multidimensional, multidisciplinaria y respetuosa del contexto cultural. Ser un escenario de convivencia en el marco de los derechos humanos, facilitador de la construcción de la sexualidad, porque la sexualidad se construye y en eso interviene el escenario de la escuela,  el escenario de la familia, el escenario del club, son distintos escenarios donde se desarrolla y pueden ser escenarios  favorecedores y obstaculizadores de un buen proceso de sexuación que culmine con la asunción de un determinado rol sexual., Y no le incumbe a la escuela reproducir, generar, promover o reforzar organizaciones perjuicios y estereotipos sexuales. No le incumbe a la escuela invadir la intimidad con el pretexto de educar. No le incumbe a la escuela promover prácticas que estimulen la estigmatización por identidad sexual. No le incumbe a la escuela la elección de la identidad sexual de las personas; la escuela acompaña el proceso de sexuación, no lo dirige, no es la responsable de. No le incumbe a la escuela imponer un punto de vista único sobre credos y creencias religiosas. Y no le incumbe a la escuela normatizar la sexualidad como si fuera una sola la verdad revelada.

Algo fundamental a la hora de pensar en transmitir contenidos referidos a sexualidad es tener muy en cuenta que  somos todos seres sexuados y esto lo que tiene de desafiante es que nos obliga a ponernos nosotros como personas aunque tratemos de separarnos

Quería cerrar este espacio con este texto de Paulo Freire que es una síntesis de su presentación en Argentina cuando fuera invitado por la Escuela de Psicología  Social  que dirige Ana Quiroga. Dice así:

Cuando yo digo que la sexualidad no se enseña, es lo mismo que cuando digo que nadie enseña lenguaje a nadie. Lo que uno enseña es la gramática de una lengua, pero no el lenguaje que es mucho más que una lengua. Tú puedes enseñar una gramática de la sexualidad, pero no la sexualidad.

La sexualidad se crea socialmente como el lenguaje; el lenguaje es una invención humana que se hace socialmente, nadie lo enseña, todos adquieren el lenguaje, lo crean.  Lo que uno enseña al otro es la gramática; hasta la sintaxis en ciertas dimensiones tampoco se enseña, porque la sintaxis de tu análisis es la forma de cómo el pensar se estructura  en el discurso. Es decir, nadie enseña; tú enseñas después, disciplinas, el proceso de disciplinar el pensamiento, y el pensar, que yo llamo pensar cierto, una forma dialéctica de leer el mundo, estas cosas uno también las enseña, pero sobre todo aprende haciendo.

Ahora, tú puedes desinhibir a las personas para que exista una sexualidad que nadie les enseñó ¿se entiende?

Porque si hubiera posibilidad de enseñar la sexualidad, se podría mucho más aún desenseñar la sexualidad. Y nadie desenseña la sexualidad. Lo que es viable, lo que es legítimo, lo que es posible  es discutir incluso los límites, la ética de la sexualidad, debatir críticamente.  Por ejemplo como puedes  defenderte sin  exageraciones  en tu propia vida, en el uso, en la experiencia de tu sexualidad.  Esto sí, para enseñar el cuerpo, cómo el cuerpo debe hacer, para esto es preciso que el cuerpo haga, hay que vivir la sexualidad   que no se reduce apenas al sexo.

La sexualidad tiene que ver con mi voz, tiene que ver con mis gestos, tiene que ver con mi fantasía, con mi deseo, y todo eso tiene que ver con el sexo, pero es mas que el sexo. Uno puede tener una sexualidad fantásticamente rica en la medida que vuela más alto que el sexo mismo. A veces el sexo, que es una cosa fundamental, termina por castrar la sexualidad, porque la reduce  de tal modo al sexo  que la sexualidad enmagrece, disminuye, pierde un cierto horizonte de libertad, que abarca el cuerpo todo y no solamente una parte del cuerpo.

En ese sentido yo dije que uno no enseña sexualidad, pero uno debate, uno discute, uno cuida con esmero, yo creo, y ayuda a cuidar el uso de la sexualidad.

Uno puede extender la sexualidad  a un horizonte hasta ahora impensable.    Por ejemplo, la sexualidad vuela y el sexo se fija; yo soy más sexualidad que sexo, y no podría ser sexualidad sin sexo.

Municipalidad E.Echeverría, Secretaría de Salud, COPSEE  -  S.Se.R en el Sur

En el marco del Proyecto Actividades de apoyo a la prevención y control del VIH SIDA en Argentina, financiado por el Fondo Mundial de lucha contra el SIDA

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