Alberto, o “Beto” como le decíamos en el grupo, era el chico que nos gustaba a todas, nos parecía que era re-lindo, fuerte, un ganador. Una tarde me pidió que fuera su novia; me sentí muy afortunada. Al principio, cuando nos quedábamos solos, me demostraba cuánto me quería, primero con abrazos, después con besos más apasionados; yo muy enamorada pensaba que tenía mucha suerte en haber logrado que se fijara en mí.
En un principio me sentía confundida por su actitud, porque sólo se acercaba a mí cuando nadie nos veía, y cuando le preguntaba por qué, me acariciaba la cara y me decía: “es que si se enteran los demás van a empezar con los chismes y cargadas y no quiero que tengamos problemas”; yo pensaba que era lógico lo que decía y que era mejor mantener en secreto nuestro amor.
Un día en una fiesta, aún manteniendo nuestra relación en secreto, comencé a bailar mientras todos me hacían un círculo. Beto se enfureció, me miró fijamente a los ojos y dijo: “mírenla, si parece una puta!”. Lloré toda la noche pensando que no me merecía ese trato, al otro día, cuando le reclamé, me abrazó, y dijo: “perdoname, no supe como reaccionar, es que me muero de celos”; entonces pensé que de alguna manera era lindo que él sintiera celos, porque eso significaba que me quería.
Lo peor fue una tarde que pasó a buscarme, anduvimos un rato largo, yo no conocía el camino y entonces le pregunté a dónde íbamos, pero él me respondió de una manera muy violenta que “no preguntara tonterías o mejor me llevaba de regreso a mi casa”, preferí no preguntar más. Después de un tiempo sin saber en donde estaba me animé a preguntar otra vez, me dijo que si seguía molestando me iba a dejar ahí mismo y, aunque era lo que yo quería, preferí seguir porque me daba miedo que terminara la relación conmigo. Finalmente, llegamos a un edificio y no tuve tiempo de nada, sentí que me arrastraba hacia una escalera, pero como no podía ir más rápido él se burlaba de mí llamándome gorda y lenta, yo cada vez me asustaba más.
Entramos a un departamento –que al parecer era de su tío–, cerró la puerta, me tomó de los hombros y me besó con la rudeza acostumbrada, pero ahora sentí algo extraño; estábamos solos como siempre había querido, sin embargo, yo tenía miedo pero… me aguanté. Entonces comenzó a besarme apasionadamente y a tocar todo mi cuerpo, yo no sabía qué hacer, no tuve el valor de detenerlo hasta que quiso quitarme la remera, le agarré la mano y lo detuve, él intentó nuevamente, y, como yo me resistía, se apartó sorpresivamente.
Por unos minutos todo estuvo en silencio, pensaba que me iba a dejar, que ya no me iba a querer, así que, aunque no estaba tan segura de lo que quería, lo abracé y le dije que “no volvería a hacer otra tontería como esa”. Entonces comenzó a besarme con mucha fuerza, me tocaba ansiosamente, me apretaba, claro que me dolía, pero no podía decirle nada porque se enojaría; pensé que era normal, que en esos momentos así eran las demostraciones de amor. Las caricias aumentaron, me quitó la remera, sentía vergüenza y miedo, pero cuando quiso desabrocharme el pantalón no aguante más y lo aparté bruscamente; a él ya no le importó y lo intentó nuevamente, yo luché por quitármelo de encima y salí corriendo de ahí… No sé cómo, pero llegué a mí casa.
Desde entonces no me habla, tal vez es lo mejor, al menos ya no tengo ese miedo que tenía al estar a solas con él.
Sabías :
Mitos
Averigua lo que existe detrás de los mitos más arraigados con respecto a la violencia:
“Porque te quiero te aporreo” La violencia no une, la violencia despedaza relaciones.
“ Mi amor lo va a cambiar” Los comportamientos son resultados de un aprendizaje, y el cambio no depende de una entrega de amor.
“Le gusta que le peguen, si no, ¿por qué no lo deja?” Las desventajas económicas, sociales y culturales en que viven las mujeres, así como el miedo y el no encontrar apoyo, las obliga a mantenerse en una situación de violencia.
“Las mujeres deben ser abnegadas” A las mujeres se les educa para ser sumisas y obedecer, y esto las hace vulnerables frente a la violencia.
“Seguro que ella hizo algo que lo provocó” Las mujeres no somos culpables de las acciones de otras personas. No hay provocación que justifique la violencia.
“La violencia sólo se da en hogares pobres” La violencia se da en todos los niveles sociales, económicos y culturales.
“Sólo los hombres adictos a drogas o al alcohol, desempleados o con problemas en su trabajo son violentos. No sólo los hombres con problemas de alcoholismo o drogadicción son violentos. El consumo de alcohol o drogas puede favorecer pero no es la causa de la violencia. De hecho, muchos alcohólicos no son violentos. Algunos violentos son violentos si beben en su casa y no afuera.
¿Qué es la violencia?
Seguramente asociamos violencia con la idea de “fuerza” y/o acciones como golpear, gritar, forzar y violar a una persona. Cuando la violencia tiene muchos rostros, a veces puede ser un insulto, a veces un golpe. La violencia es todo lo que nos produce daño físico y emocional, temporal o permanentemente.
Existen varios tipos de violencia, pero en el noviazgo debemos tener mucho cuidado con:
A veces pensamos que la gente que nosotras queremos no nos puede o no nos quiere lastimar, e incluso hemos escuchado y dicho frases como: “me cela porque me quiere”, “todo lo hago por tu bien”, “no te pongas esa falda tan corta”, “no te juntes con esa amiga porque te mete malas ideas”. Y entonces nos preguntamos ¿es violencia o sólo muestra interés por mí?, pero desgraciadamente sufrimos violencia a manos de gente que queremos y conocemos, por eso es tan difícil identificar y detener la violencia
¿El amor duele?
Para responder esta pregunta, deberíamos imaginarnos al amor como un “algo” que forme parte de nuestro cuerpo, el amor es un sentimiento que cada una/o vive distinto, ¿quién dijo que para amar hay que padecer? Estas ideas erróneas nos van enseñando que la violencia es “normal” en una relación. Cuando tu relación se llena de “pequeños detalles” como celos, empujones, groserías; tendrías que preguntarte si lo que te duele es el amor o la violencia. Es una mentira aquel dicho que para amar hay que sufrir, las personas tenemos la capacidad de dar sin lastimar.
¿Qué es lo que te duele?
Cuando tu chico o tu chica te hace sentir fea/o, gorda/o y poco inteligente; cuando tu pareja desaparece por cortos períodos de tiempo sin explicar los motivos de sus ausencias; cuando constantemente te amenazan con terminar la relación si no cambias tu forma de vestir, de hablar, de reírte, o si no le dejas de hablar a alguna amiga. Cuando te grita, cuando te niega, cuando no valora tu trabajo, tu creatividad, tus esfuerzos; cuando te niega la posibilidad de iniciar o continuar tus estudios, un trabajo, o tu participación en grupos culturales, artísticos, etcétera. Todas estas actitudes son violencia en el noviazgo.
¿Qué podemos hacer?
Exigir un buen trato, aprender a no minimizar nuestras emociones y sentimientos. Si alguien a quien nosotras/os queremos nos lastima de alguna manera, debemos hablarlo. Si tu novio/a te hace sentir mal por algo, lo más recomendable es que se lo digas para que sepa que no te gusta que te maltraten ni lastimen, y que no estás dispuesta/o a permitirlo, es una buena herramienta para defenderte de la violencia en el noviazgo.
¿A qué tenemos derecho?
Tenemos derecho a una vida libre de violencia, tenemos derecho a la privacidad, a la libertad y a la seguridad. Toda persona que lastime de manera física o sexual puede ser demandada. Nadie, ni mi novio/a ni mi familia, tiene derecho a golpearme o a maltratarme ni en público ni en privado.
Tenemos derecho a recibir un trato de respeto a nuestros cuerpos, a nuestros pensamientos, opiniones y a nuestras cosas. A reconocer que nuestras necesidades son igual de importantes que las de nuestras parejas. También tenemos derecho a mantener la comunicación con nuestras amistades; a crecer y a realizarnos como personas, a cambiar de opinión si lo consideramos pertinente; a decidir cuánto tiempo queremos pasar con nuestra pareja; a no recibir abuso físico, emocional, psicológico y/o sexual. Tenemos derecho a romper la relación y a dejar de quererlo/a sin culpas.
Tips
Si en tu relación vivís estos tres momentos de manera continua y permanente:
Estás viviendo en un círculo de violencia y necesitás ayuda
ENCUESTA
¿Te enamoraste de una persona violenta?
Sí No
Quiere saber donde estás en cada minuto del día
Controla todo
Exige explicaciones
Te prohíbe estudiar, trabajar
Te prohíbe ver y salir con tus amistades
Critica a tus amiga/os y familiares
Te desvaloriza, te insulta, te descalifica,
Te amenaza con abandonarte si no hacés lo que él/ella quiere
Te culpa por todo lo que sucede
No te estimula ni aprueba nada de lo que hacés
Es caprichoso/a, cambiante, contradictorio/a
Es seductor/a y simpático/a con todos pero a vos te trata con crueldad
Te exige tener relaciones para probarle que lo/la querés
Te cela y acusa de acostarte con otros chicos/as
Quiere cambiar la forma en que te vestís y maquillás
Sentís miedo a sus reacciones
Sospecha de vos si le pedís que usen preservativo
Te cuesta mucho o no podés decirle lo que pensás
Si tenés muchas respuestas positivas, es posible que te estés enamorando de una persona violenta.
PEDI AYUDA!!!
[2] Velásquez, Susana: Violencias cotidianas. Bs.As., Paidos 2001
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