Aprendemos a ser sexuales

Nacemos sexuados y aprendemos a ser sexuales, a vivir y expresar la sexualidad, a gozar de placer sexual a través de ciertas prácticas o actividades reguladas por las normas, las actitudes y los valores de la cultura en que vivimos.

Biológicamente la sexualidad es una función como también lo es la alimentación y la respiración. La función sexual se ejerce fundamentalmente mediante unos órganos genitales y reproductores, pero no exclusivamente. La afectividad, la comunicación, la forma de ser como hombre o mujer, lo corporal, los valores, nuestros sentidos son dimensiones que interactúan entre sí y que pueden potencializar o limitar el ejercicio de la función sexual.

Desde el momento mismo de la concepción, antes de nacer, cada uno/a inicia su historia de “ser varón”, “ser mujer”. A partir de los deseos y las expectativas de papá, mamá, hermanos, abuelos o quienes nos cuiden, vamos construyendo nuestra identidad en contacto con quienes nos rodean. Así recibimos las primeras impresiones sobre quiénes somos y sobre nuestra sexualidad a través de los gestos, contactos, caricias, palabras y actitudes de nuestros familiares. Más adelante con nuestro grupo de amigos, en la escuela y en los demás lugares donde nos movamos, seguimos aprendiendo a comunicarnos, a expresarnos, a dar y recibir placer.

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