Lenguaje, vih y sida

Una respuesta efectiva a la epidemia del Vih y del Sida requiere de alianzas estratégicas entre los miembros de la sociedad en su conjunto, así como de la creación de un ambiente que establezca los parámetros para la generación de confianza, respeto y, sobre todo, comprensión de que la epidemia del Vih es un problema de todos y no de “ciertos grupos de riesgo”.

Un primer paso para alcanzar este objetivo es usar un lenguaje correcto cuando escribimos y hablamos sobre Vih y Sida. Un segundo paso es establecer mecanismos de comunicación que permitan crear una relación de alianzas (de comprensión, solidaridad, amor, de poder sobre la situación) y no de autoridad/guerra con los “infectados” (como suele llamarse a las personas viviendo con Vih o Sida), disminuyendo su autonomía, enajenándolos o creando otros efectos negativos.

Con respecto al primer punto, la mayoría de la población piensa que Vih y Sida son lo mismo y que Sida es sinónimo de muerte. Por eso se propone dejar de usar la expresión VIH/SIDA y, en su lugar, utilizar Vih y sida. De esta manera, no solo indicamos las diferencias entre el virus (Vih) y una condición clínica de Vih (Sida), sino que también expresamos que una persona viviendo con Vih puede tener una vida productiva por muchos años. También explicitamos que los casos de Sida, por muy pocos que sean, no necesariamente indican que un país determinado no tenga una alta incidencia o prevalencia de Vih.  Se propone utilizar el término  “sida” sólo cuando sea necesario referirse a la “etapa avanzada de la infección por Vih”. En español la palabra “sida” forma ya parte de la lengua vernácula oficial y se escribe en minúscula, como la mayoría de las enfermedades. Sin embargo, se debe dar preferencia al término “Vih”.

Por otro lado, los programas de prevención para el Vih son distintos de aquellos elaborados para el Sida. Mientras que para el primero se acentúan las actividades de cómo se contrae el virus o como mantenerse negativo, orientados a una gran masa de población; el segundo – prevención para el Sida- se orienta a poblaciones viviendo con Vih y en materias relacionadas al acceso a tratamientos, infecciones oportunistas, reinfección, materias nutricionales, etc.

En cuanto al segundo punto, es decir, establecer mecanismos de comunicación adecuados, debemos tener muy claro que el lenguaje y las imágenes que se evocan conforman e influyen los comportamientos y las actitudes. La utilización del lenguaje y las palabras se convierten así en una cuestión ética y programática.

Desde del programa Global sobre Vih y Desarrollo del PNUD, se han adoptado los siguientes principios que orientan en el uso del lenguaje relacionado con el Vih:

a) El lenguaje debe ser incluyente y no debe crear o reforzar la mentalidad o el enfoque de “ellos/nosotros”.

Por ejemplo, palabras como “control” plantea un tipo específico de relación de distanciamiento entre el que habla y los que escuchan. Es recomendable utilizar cuidadosamente los pronombres “ellos”, “vos/ustedes”, etc.

b) Es mejor si las palabras que usamos se relacionan con un lenguaje “pacífico” y de desarrollo humano, en lugar de relacionarse con el vocabulario de la guerra.

Por ejemplo, es recomendable buscar sinónimos para palabras como “campaña”, “control”, “vigilancia”, “lucha”, etc. En estos casos es mucho mejor usar “respuestas al Vih y al Sida” o “tratamiento y prevención del  sida”. Las metáforas militares dan una comprensión inexacta de la epidemia.

c) Los términos que utilizamos para describir a las personas deberían ser aquellos que prefieren o que usan las personas descritas.

Por ejemplo, las personas infectadas prefieren “personas que viven con Vih” o “personas  que viven con Sida”, en lugar de “pacientes/enfermos de Sida”,  VIH-positivos, personas infectadas, o seropositivos,  términos estigmatizantes que señalan a un individuo como portador de la infección.

d) El lenguaje no debe reflejar juicios de valor, debe ser sensible al género (varón/mujer) y los términos deben permitir que se construya la confianza y el respeto requeridos.

Por ejemplo, “víctima” o “paciente” sugieren la impotencia o la falta de poder. A su vez, identifican al ser humano solamente por su condición de salud y no como a una persona con derechos, obligaciones, sueños y esperanzas.

“Promiscuo”, reemplazable por “persona con más de una pareja sexual”,  o “drogadicto”, para el cual se sugiere “usuario de drogas”, son igualmente denigrantes o derogatorios.

Términos como “vivir con Vih” implican que una persona que ha contraído el virus puede seguir viviendo bien y productivamente por muchos años.

Otra propuesta refiere a comenzar a hablar en relación al “género” y no al “sexo” de una persona. Mientras que “sexo” supone una descripción física —si un individuo tiene pene o vagina—, “género” describe las diferencias culturalmente establecidas entre hombres y mujeres y las funciones sociales que se espera cumplan.  Utilícese el término más adecuado, según el contexto.

Cuando nos referimos a los niños que han perdido a sus padres a causa de la infección, debemos dejar de lado la expresión “Huérfano/a del sida”, pudiendo adoptar “Huérfanos/as, niños/as afectados/as por el VIH, niños/as huérfanos/as debido al VIH”. Este término puede estigmatizar al niño/a y también puede tergiversarse para indicar que el niño tiene VIH. El niño o niña pueden no tener VIH pero al menos uno de sus padres puede haber muerto a causa del VIH.

e) Los términos utilizados deben ser precisos.

Por ejemplo, “situación de riesgo” es preferible a “comportamiento de riesgo”, dado que un comportamiento o una actividad pueden ser seguros en una situación determinada e inseguros en otra. La seguridad de la situación debe ser evaluada constantemente.

Por otro lado,  “enfermedades de transmisión sexual (ETS)”, en algunos casos, debe reemplazarse por  “infecciones de transmisión sexual (ITS)”. Las enfermedades se asocian generalmente a manifestaciones clínicas. Muchas ITS pueden no tener síntomas evidentes, especialmente en las mujeres. El término “infecciones de transmisión sexual” y su sigla, ITS, son más amplios y abarcan más que “enfermedades de transmisión sexual (ETS)”.

f) Los términos utilizados deben ser apropiados para informar de manera precisa.

Por ejemplo, los modos de contagio de Vih y las opciones para cambios de comportamiento que protejan deben enunciarse de manera explícita a modo de que se entiendan en todos los contextos culturales.

El vocablo “contagio” sugiere que el Vih se transmite fácilmente y también puede tener connotaciones morales. Se recomienda, en su lugar, hablar de “transmisión”, el cual se limita al mecanismo biológico por el cual el Vih pasa de un cuerpo a otro.

Por último, el uso apropiado del lenguaje respeta la dignidad y los derechos de todas las personas involucradas, ayuda a crear los cambios sociales y a establecer las alianzas estratégicas para responder efectivamente a la epidemia de Vih y mitigar las consecuencias económicas y sociales del Sida. El uso de terminología sentenciosa o acusatoria es causa de estigma. El VIH es simplemente una situación de salud y las personas con VIH tienen las mismas virtudes y defectos de otras personas.

* Texto realizado en base al artículo de igual nombre de Néstor Arias, responsable de A. Latina y el Caribe, PNUD, NY, así como a las normas vigentes planteadas desde la Organización Panamericana de la Salud.

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